Por Pedro Nicolaci Da Costa
Analista de la agencia Reuters

WASHINGTON.- El daño que la disputa política por el límite de la deuda puede causarle a la reputación de Estados Unidos en los mercados financieros globales se limita a dos cada vez más factibles pero distintos escenarios: rebaja de la calificación o incumplimiento del pago de deuda. El primero, aunque doloroso, podría hacer que los mercados sientan el impacto sin mayores consecuencias, aunque dejaría al país bajo la sombra de la incertidumbre financiera que amenazaría a una ya frágil recuperación económica.

Un simple recorte en la calificación reflejaría el juicio de las agencias privadas y los inversionistas podrían restarle importancia dada la falta de alternativas viables en el gigantesco mercado de U$S 9 billones de la deuda del Gobierno estadounidense. Este es el escenario benigno. Una declarada moratoria en el pago de la deuda sería mucho más impredecible y potencialmente causaría un cataclismo.

Una situación histórica como el fracaso en pagar los bonos del Tesoro, considerados un último refugio seguro, estremecería a los mercados y a la economía global, asestando un duro golpe de largo plazo a la posición global de EEUU. "Un default en la deuda será 10 veces el caso Lehman Brothers", dijo Joseph Gagnon, ex economista de la Reserva Federal.

El Departamento del Tesoro ha advertido que quedará sin dinero para pagar las cuentas de la nación el 2 de agosto, a menos que los legisladores encuentren la manera de salir del atascamiento para elevar el límite de endeudamiento de U$S 14,3 billones. Otra posibilidad es que el Gobierno evite una moratoria suspendiendo los pagos a los trabajadores públicos y a quienes reciben beneficios, buscando ganar más tiempo para que el Congreso eleve el límite legal de endeudamiento. Este escenario, que también podría llevar a un recorte en las calificaciones, incluye el alto riesgo de empujar a la economía de regreso a la recesión, pero sería menos calamitoso para el sistema financiero global que una declarada moratoria de pago. Con esa moratoria, la confianza en EEUU como destino de inversiones se erosionaría durante muchos años. Países como China y Japón, los mayores tenedores mundiales de bonos del Tesoro, diversificarían aún más sus carteras para alejarse de activos en dólares. El default lanzaría a EEUU al tope de una lista de estados soberanos cuyas pugnas políticas opacarían una sólida administración económica, por encima de países como Argentina, Ecuador y Rusia. La imagen del país como un caso perdido políticamente ya se está arraigando.